- ...No me queda más remedio que secuestrarla.- La voz era muy profunda y sonaba a amenaza.
- Me da igual, ya no me importa nada. Si sospechan de mí que sospechen, prefiero eso en lugar de estar a tus órdenes.
- ¡BASTA! ¡Cállate ya Lucas!
Lucas recogió su chaqueta y al salir de la oscura habitación con un fuerte portazo recorrió a toda prisa el pequeño estudio de su jefe. Bajó corriendo las escaleras, se podía escuchar aún el ruido de la fuerte tormenta que llevaba todo el día cayendo en la ciudad. Al llegar a la puerta de salida del edificio se detuvo un instante. Sí, eso era lo que tenía que hacer y no podía esperar más tiempo.
- ¡El paraguas! ¡Otra vez no!
Corría por la calle, el agua de la acera le salpicaba los pantalones. En tan solo cinco minutos ya había llegado a su piso. Sí, ese era el momento de realizar la llamada. Bip, bip, bip. No, no puede ser, no lo coge. Bip, bip, bip. Nada. Quizás me lo tenga merecido. Pero, ¿por qué no lo coge?
- ¿Si?
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